De la casa de matanzas a la fábrica del siglo XXI

El patrimonio arquitectónico de Guijuelo está marcado, como no podía ser de otro modo, por su actividad chacinera

Muchos son los que al hablar de riqueza patrimonial pasan de puntillas por Guijuelo. Sin embargo, nuestro pueblo, como cualquier otro, tiene sus características propias, y como no, su cierto encanto. No podemos presumir de edificios históricos, restos de murallas o casa solariegas, pero como buen pueblo castellano nuestro pasado, presente y futuro ha estado marcado por el carácter trabajador, austero y práctico de sus gentes que se ha visto reflejado, también, en su arquitectura. Si uno se da un paseo por el centro se puede encontrar más de una decena de edificios que cuentan con protección arquitectónica y que están catalogados. Quitando el Torreón, que se data en el siglo XVI, los demás se enmarcan entre finales de siglo XIX y primera mitad del XX. Es en ese momento en el que Guijuelo afronta una de sus etapas de mayor esplendor y crecimiento. Muchas de las familias arrieras aprovecharon la llegada del ferrocarril en 1896 y la promoción del mercado semanal de los sábados, que se creó en 1880, para encauzar su negocio y hacerlo, cada vez, más rentable. Eso suponía un mayor desarrollo y una capacidad económica que hasta el momento no había existido en el municipio, y eso, se empezó a percibir en las nuevas construcciones. Las casas de ladrillo cara vista, enfoscado y granito, muy del gusto del siglo XIX, empezaron a multiplicarse, y algunas de ellas aún se conservan. A esta tipología se sumaba una variante, ya entrados en el siglo pasado, que son las que cuentan con las reconocibles galerías de hierro, aunque también hay alguna de madera o piedra.Sin embargo, antes de ese momento, Guijuelo era un municipio compuesto, fundamentalmente, por casas bajas, de una o dos plantas a lo sumo, en las que además del uso como vivienda, se realizaban las labores propias de la matanza. Si bien, los chacineros mataban a los cochinos en las plazas públicas, (el Altozano y la Plaza de Julián Coca, llamada tradicionalmente plaza de los cerdos, son los mejores ejemplos de ello hasta que en 1934 se inauguró el Matadero municipal), la elaboración de los embutidos y el secado de los jamones se llevaban a cabo en los propios hogares. Casas sólidas, con gruesos muros de carga realizados con sillar o sillarejo de granito o pizarra en planta baja y entramados de madera rellenos de adobes o pequeño mampuesto en el resto, rejuntados y encalados posteriormente o directamente vistos, eran los principales elementos constructivos. A éstos se sumaban los forjados y carpinterías de madera que se distribuían por las distintas plantas.En planta baja se disponían las cuadras, almacenes y zonas de matanza y se localizaba, también, el acceso a la bodega. En las plantas intermedias se situaban las zonas de vivienda, consistentes en varias alcobas que se abrían a una sala principal que solía dar a la fachada y contar con una ventana o balcón característico. Mientras que en la última planta se localizaba el ‘sobrao’, espacio diáfano que quedaba bajo cubierta, y donde se aprovechaba para secar y conservar las chacinas, embutidos u otros productos que se colgaban de estructuras hechas con palos de madera.El aspecto externo de las viviendas transmitía solidez y sobriedad. En el alzado se perseguía la simetría con la disposición de vanos de generosas proporciones. Estos se mantenían según se aumentaba de planta de tal modo que la primera planta siempre tenía los mismos vanos que la que se encontraba a ras de suelo. Además, era esta primera planta la que se consideraba como planta noble y por ello, recibía especial cuidado en todos sus detalles. Los balcones eran sencillos y elegantes y se componían de barandilla y barrotes que conformaban la estructura. La rejería solía ser de forja o hierro fundido, en las más modernas y, aunque en la mayoría de las viviendas, los balcones se armaban de forma independiente, en otros casos acababan convirtiéndose en galerías corridas.Característico de Guijuelo es también su subsuelo. Las necesidades de esas casas de matanza hicieron que más de la mitad de las viviendas que se levantaron a finales del siglo XIX contasen con bodegas especialmente habilitadas para la conservación y curado de jamones y embutidos. Los ventanucos que dejan al descubierto estas estancias fueron, con el tiempo, cubriéndose con unas chapas metálicas que, gracias a dos carriles exteriores, hacían la función de puerta corredera, lo que permitía regular la entrada de aire y la temperatura. Aún hoy son muchas las viviendas que conservan esos elementos y que dejan al descubierto esa característica que se ha ido manteniendo a lo largo de las décadas, pues son muchos los edificios modernos que se construyen, en la actualidad, con bodega.Con el paso de las décadas, Guijuelo fue ampliando su mercado y necesitando una industrialización de los procesos chacineros. Así, a mediados del siglo XX, nuestro municipio inicia un proceso de modernización que llevaba a los industriales a derribar o remodelar muchas de las antiguas casas de matanza y sustituirlas por fábricas. Las chimeneas caseras, en las que se ahumaban los embutidos, se sustituyeron por campanas, que aún se conservan y mantienen el mismo uso, pero que ya daban cabida a una producción mayor. Y muchas de las casas de dos alturas fueron sustituidas por edificaciones de más de tres plantas en las que, buena parte de ellas, se destinaban a secaderos naturales.A pocos metros de la Plaza Mayor, se pueden observar edificios en los que la distribución regular de las ventanas, pueden hacer confundir a los foráneos sobre su uso. Son fábricas, construidas antes de que en la década de los 90 se crease el primer polígono industrial, y en cuya construcción el elemento diferenciador es que cuentan en sus techos con la disposición de ganchos que facilita el colgado de cientos de piezas. Para reconocer las más antiguas, y como elemento decorativo, estos edificios se pintaban con franjas horizontales o verticales de un mismo color, normalmente un tono discreto, lo que aún hoy sigue siendo un elemento de contraste. Ese gusto estético se mantiene, también, como rasgo diferenciador de nuestra arquitectura, e incluso algunas de las modernas factorías que se han construido posteriormente en los polígonos siguen manteniendo esa tipología.Son, las modernas fábricas del siglo XXI que sin embargo no dejan olvidar una tipología constructiva propia en la que se sigue reflejando la robustez, la simetría y la austeridad, en muchos casos, de aquellas primeras casas de matanzas.

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